Hemos recibido a Julio Peces dentro de las actividades de la semana cultural como parte de nuestros encuentros literarios. Con él ha reflexionado nuestro alumnado de 4ºA sobre la creación artística y la gestión emocional en tiempos de sobre exposición digital.

Los inicios de Julio fueron en el mundo de la interpretación (en ello basó sus estudios superiores), una etapa que finalmente decidió cerrar para volcarse por completo en la escritura, donde encontró su verdadera voz. Empezó a escribir en 4º ESO pequeñas historias que compartía con sus amigos de siempre. Ellos eran los personajes, compartía un capitulo por semana y tenía éxito. Recopiló todo esto que empezó como entretenimiento y nació su conocida tetralogía «Blue Sky».
El ambiente de sus novelas es el de las ciudades que conoce. Estepona, Málaga y Madrid no son solo decorados, sino escenarios emocionales donde sus personajes enfrentan la realidad de sus vidas. Aunque son personajes son ficción siempre tienen algo de sus vivencias personales.

De sus vivencias y de un momento muy concreto de su vida surge su libro “Sonido del silencio”. En el aborda temas tabú, como la salud mental, en un mundo donde las redes sociales nos obligan a proyectar una imagen de perfección, nuestra salud mental se encuentra más atacada que nunca
Aquí conecta sus personajes con dos términos de la cultura japonesa, una pasión que traslada al estilo y alma de sus libros:
– Wabisabi: La enseñanza de la belleza en lo imperfecto, una lección vital que le viene «como anillo al dedo» a su personaje Héctor.
– Shouganai: Esa aceptación de lo inevitable que nos invita a discernir entre lo que está bajo nuestro control y lo que debemos aceptar. No es dejarse llevar, es esforzarse en lo que podemos controlar sin desgatarse en lo inevitable.
Nos descubre sus fuentes de inspiración: mucho cine, manga (Your name, Silent boy) y literatura de misterio (Agatha Cristie, Stephen King o Sherlock Holmes), de esta última surge “Fundido a negro” que es una vuelta a sus orígenes después del éxito de “ Sonido del silencio” mucho más personal.

Ahora que escribe ha regresado a la interpretación pero no es una necesidad profesional, sino un disfrute personal. Julio, con un pie siempre en el mundo del guion, nos explica el cambio al escribir guiones, hay que «mostrar más que contar». En un lenguaje visual, la escena debe hablar por sí misma; la economía de palabras es la herramienta más potente para definir a un personaje.
Nos habló también de la libertad creativa. Mientras que en sus proyectos cinematográficos (mencionó un curioso western con zombies en Almería) la libertad está limitada por el presupuesto y el trabajo en equipo, la novela es el espacio donde recupera la soberanía total sobre la historia y la construcción psicológica de los personajes.
En una etapa donde nuestros jóvenes están tan expuestos, Julio normalizó el hecho de hablar de nuestras crisis y de la presión que ejerce un mundo artístico propenso a la corrupción por la fama o el dinero.
A pesar de la competencia, su mensaje fue realista. Apoyado por una familia que conocía los riesgos del sector, decidió apostar por su vocación por una razón poderosa: el valor de intentarlo para no vivir con la duda de qué habría pasado.




